La sociedad española se encuentra en un estado de cambio permanente, con movimientos internos que no se conocían dentro de nuestras fronteras, provocados por la creciente profesionalización de nuestro mercado de trabajo y por la globalización de las empresas, que hoy están en una ciudad, pero que mañana estarán en otra.
Ello ha provocado que el número de mudanzas que un ciudadano medio tiene que llevar a cabo a lo largo de su vida haya crecido de manera exponencial, pasando, en media, de 1 o 2, hasta 4 o 5.
Ante esta situación, muchos ciudadanos optan por ahorrarse algo de dinero realizando las mudanzas por su propia cuenta y riesgo, es decir, de manera privada. Para ello, engañan a unos amigos o familiares, alquilan una furgoneta, y con mucho esfuerzo y cariño comienzan a realizar su propia mudanza.
¿Y qué descubren? Que era más duro de lo que ellos pensaban. El número de muebles es interminable, y la cantidad de objetos a trasladar crece y crece sin parar.
Entonces, comprenden la dificultad del trabajo, y se comprometen consigo mismos a contar con una empresa de mudanzas para su próximo traslado, porque descubren que aunque más cara a priori, resulta mucho más barata en el medio plazo, ya que garantiza una mayor eficiencia de tiempo y de recursos.
Por tanto, las mudanzas profesionales, llevadas a cabo por empresas, acaban resultando más baratas que las mudanzas privadas.